El verano es una de las épocas más complicadas para las personas que tienen melasma. Aunque se utilice protección solar, se eviten las horas centrales del día y se sigan todas las recomendaciones para cuidar la piel, es posible que, al terminar el verano, las manchas se hayan intensificado o hayan vuelto a aparecer.
Y es que el melasma es una alteración de la pigmentación especialmente sensible a la radiación solar. Los melanocitos, las células encargadas de producir melanina, pueden activarse con la exposición a la radiación ultravioleta y también por otros estímulos como la luz visible y el calor. Por eso, incluso cuando hemos sido muy constantes con nuestros cuidados, el verano puede pasar factura a una piel con tendencia al melasma.
La buena noticia es que el melasma se puede tratar y controlar. La clave está en no esperar a que las manchas sean muy evidentes para actuar y, sobre todo, entender que se trata de una condición que requiere constancia y seguimiento.
En Cliniem, el abordaje del melasma comienza con una valoración dermatológica individualizada y continúa con un acompañamiento adaptado a las necesidades de cada piel.
¿Por qué el melasma puede empeorar después del verano?
El melasma se caracteriza por la aparición de manchas marrones o marrón-grisáceas, habitualmente en zonas como la frente, las mejillas, el labio superior, la nariz o el mentón. Es una alteración de la pigmentación compleja en la que intervienen diferentes factores.
La exposición solar es uno de los principales desencadenantes. Durante el verano acumulamos muchas horas de exposición, incluso aunque no vayamos expresamente a tomar el sol. Paseos, terrazas, desplazamientos, deporte al aire libre o simplemente estar en una piscina o en la playa implican exposición.
Además, no debemos olvidar que la radiación no incide únicamente sobre la piel del rostro. La exposición solar puede producir respuestas biológicas en el organismo que favorecen la activación de la pigmentación. Por eso, proteger únicamente la cara no significa que hayamos eliminado por completo todos los estímulos relacionados con la exposición solar.
A esto se suma la luz visible, especialmente relevante en el melasma, y factores propios del verano como el calor. En determinadas personas, el calor y el aumento de temperatura de la piel pueden contribuir a empeorar la pigmentación.
Por eso, después de varios meses de verano, es frecuente que una persona que había conseguido mantener su melasma controlado observe que las manchas están nuevamente más marcadas.
¿Significa esto que el tratamiento no ha funcionado?
No necesariamente.
Esta es una de las dudas más habituales después del verano. Si las manchas vuelven a hacerse visibles, puede parecer que todo el esfuerzo realizado durante los meses anteriores no ha servido de nada. Sin embargo, el melasma tiene un comportamiento crónico y recurrente.
El objetivo del tratamiento no es únicamente eliminar las manchas durante unas semanas, sino conseguir mantener la pigmentación bajo control el mayor tiempo posible.
Por eso, el tratamiento del melasma debe entenderse como un proceso. Hay momentos en los que será necesario intensificar el abordaje para reducir la pigmentación y otros en los que el objetivo será mantener los resultados y prevenir nuevas reactivaciones.
Después del verano: el momento de revisar la piel
Septiembre y los meses posteriores al verano pueden ser un buen momento para volver a valorar el estado de la piel.
Si las manchas han aumentado, no conviene comenzar por cuenta propia con productos despigmentantes o combinar numerosos activos pensando que, cuanto más agresivo sea el tratamiento, mejores serán los resultados.
En realidad, una piel irritada puede reaccionar peor y favorecer una mayor alteración de la pigmentación. Por eso es importante establecer una estrategia personalizada.
En Cliniem, la valoración dermatológica permite determinar qué tipo de alteración pigmentaria presenta cada paciente, qué factores pueden estar influyendo y qué tratamiento puede ser más adecuado en cada caso.
Tratamientos para el melasma: un abordaje personalizado
No existe un único tratamiento válido para todas las personas con melasma. La elección depende del tipo de pigmentación, su profundidad, el estado de la piel, los tratamientos realizados anteriormente y la respuesta de cada paciente.
El abordaje puede incluir diferentes estrategias dermatológicas y médico-estéticas, siempre adaptadas a cada caso.
Tratamientos despigmentantes
Los tratamientos tópicos pueden formar parte de la estrategia para reducir la producción de melanina y mejorar progresivamente el tono de la piel.
Dependiendo de las características de cada paciente, el dermatólogo puede recomendar diferentes principios activos despigmentantes, antioxidantes y reguladores de la pigmentación.
La elección de los productos, su concentración y la frecuencia de aplicación son importantes. No se trata de utilizar muchos productos, sino de utilizar los adecuados y en el momento adecuado.
Peelings
Los peelings médicos pueden ser una herramienta interesante dentro del tratamiento del melasma en determinados pacientes.
Su objetivo es favorecer la renovación de las capas superficiales de la piel y mejorar progresivamente la apariencia de las manchas. Sin embargo, en una piel con tendencia a la hiperpigmentación es especialmente importante realizar el procedimiento de forma controlada.
Un peeling demasiado agresivo o mal indicado puede provocar irritación y, en determinados casos, empeorar la pigmentación. Por eso debe realizarse siempre bajo valoración y supervisión médica.
Tratamientos láser y tecnologías médicas
En algunos pacientes pueden valorarse determinadas tecnologías dermatológicas para complementar el tratamiento del melasma.
Sin embargo, el melasma requiere especial precaución con los procedimientos que generan calor o inflamación. No todos los láseres son adecuados para todas las pieles ni para todas las fases del melasma.
Por este motivo, en Cliniem se estudia cada caso de forma individual antes de decidir si una tecnología puede aportar un beneficio real.
La fotoprotección: el tratamiento que nunca termina
Si existe un pilar fundamental en el tratamiento del melasma, es la fotoprotección.
Y no sólo durante el verano.
Una persona con tendencia al melasma debe incorporar la protección solar a su rutina diaria durante todo el año. Además, en determinados casos puede ser especialmente interesante utilizar fotoprotectores con protección frente a la luz visible, como los que incorporan pigmentos, además de una protección elevada frente a la radiación ultravioleta.
Pero la fotoprotección no consiste únicamente en aplicar una crema por la mañana.
También es importante reaplicarla cuando existe exposición prolongada, utilizar sombreros o gorras, buscar la sombra y reducir la exposición directa siempre que sea posible.
Porque el objetivo no es únicamente tratar las manchas que ya existen, sino evitar que los melanocitos vuelvan a activarse constantemente.
Melasma: mejor prevenir una reactivación que empezar de cero
Una de las claves del tratamiento del melasma es precisamente esta: no esperar a que vuelva a aparecer con intensidad.
Cuando una persona ha conseguido mejorar considerablemente su pigmentación, puede ser tentador abandonar completamente la rutina. Sin embargo, al tratarse de una alteración con tendencia a reaparecer, mantener unas pautas de cuidado y seguimiento puede marcar una gran diferencia.
Por eso hablamos de una estrategia de mantenimiento.
Después de una fase inicial destinada a mejorar la pigmentación, el dermatólogo puede establecer una rutina de mantenimiento adaptada a cada paciente. Esta estrategia puede ir modificándose en función de la época del año, el grado de exposición solar, el estado de la piel y la evolución de las manchas.
El melasma necesita acompañamiento dermatológico
Una de las particularidades del melasma es que no siempre responde de la misma manera. Una rutina que funcionó perfectamente durante un periodo determinado puede necesitar modificaciones posteriormente.
Por eso, en Cliniem entendemos el tratamiento del melasma como un proceso acompañado por dermatología, y no como un tratamiento puntual.
El objetivo es conocer la piel de cada paciente, identificar los factores que pueden favorecer la aparición de las manchas y establecer un plan que permita actuar tanto sobre la pigmentación existente como sobre su prevención.
Este seguimiento también permite adaptar los tratamientos según la época del año. No es lo mismo tratar una piel con melasma en pleno verano, cuando existe una mayor exposición solar, que hacerlo durante los meses de otoño e invierno.
¿Y ahora qué hago con mi melasma después del verano?
Si al volver de vacaciones notas que tus manchas están más marcadas, este puede ser un buen momento para revisar tu piel.
No significa que hayas hecho algo mal. El melasma puede reactivarse incluso cuando se han seguido muchas medidas de prevención. Lo importante es actuar de forma adecuada y evitar experimentar con tratamientos por cuenta propia.
Una valoración dermatológica permitirá determinar cuál es la situación actual de tu piel y diseñar una estrategia personalizada.
En Cliniem, el objetivo no es únicamente conseguir que las manchas desaparezcan o se vean menos. El objetivo es ayudarte a mantener el melasma a raya a largo plazo, acompañándote durante las diferentes fases del proceso y adaptando el tratamiento a las necesidades de tu piel.
Porque el melasma requiere paciencia, constancia y, sobre todo, una estrategia.
Después del verano no empieza de nuevo el problema: empieza una nueva etapa para cuidar y controlar tu melasma.
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